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Esa que ves

Necesito escribir a mi antojo sin miedo sin merodeos. Necesito decir que no estoy Íntegramente  aquí, donde dominan mis letras. Esto es reflejo, es inverso, es apenas el comienzo. Es la sombra del delgado objeto en un instante de luz y desde allí, lo inabarcable la incerteza lo infinito. Quizás pensaste que soy esa que viste esa que ves. Quizás me pusiste allí, en ese lugar, escaparate absurdo, donde me describiste. Lo siento, pero así como no es posible ponerle rumbo a los vientos, tampoco creo posible la lógica en el discurso sutil de este evanescente verso. No me describas no me critiques no me lapides ni me ensalces. Puedo no estar allí donde ayer me viste. Puedo no estar aquí donde hoy me leíste.
El día se acaba y con él, el brillo del domingo.  Me paro en el atardecer, en el paso lento de la gente a pesar del frío. Como si con eso pudieran  detener el tiempo... Se alargan las sombras, uno a uno los minutos caen  y se deslizan en picada en la recta oblicua del último rayo de sol.

Aunando voces

Escucho el latido de la tierra fecunda que brama y se impone. Escucho los gritos de los desterrados, de los oprimidos. La savia que explota en los verdes, la sangre que hierve a pesar del hambre. Oleadas de impotencia que bañan las playas con espuma de ira. Ya no es el sol, es la bronca de los buenos. Ya no es la playa  su lecho sino un campo de batalla. Ya no está el horizonte, Cielo y tierra se han unido en implacable lucha. Uno mi corazon y mis fuerzas, mi rezo, mi legado. Me uno a la ronda me uno a la bronca, en ritual puro y genuino bregando por libertad. .
Hay un misterio  que me envuelve, que inusitadamente  me devuelve a mí misma. Cantaré mi canción con la fuerza  del viento y escucharé el eco que involuntariamente repite tu corazón.  
Cuando el día se acaba y la noche canta su gloria, agonizantes los minutos se estiran en un verso y en su afán de perpetuarse se imprimen en la página con la loca ilusión de ser eternos. Aunque no pueda guardar este instante, quedará para siempre en mí el verso como copia fiel de la dulzura  que vos a mi tiempo le estampaste.
Porque tanto te deseé apareciste un día, aunque no te sabía. No sabía de tu voz ni de tus labios no sabía de tu mágica sonrisa. Porque tanto imaginé en horas silentes, tú estás aquí, en mi mente desde siempre. Salvo que hoy puedo tocarte dulcemente y desde tus sienes  con mis dedos recorrerte, abriendo paso, detenida y sutilmente, al  suave vértigo que luego nos envuelve. Porque tanto te deseé apareciste un día aunque no te sabía. No sabía de tus luchas mi buen caballero, pero ahora te veo, envestido en los ropajes de tus justas batallas con el temple intacto, desbordado de amor tu corazón expuesto. No sabia tantas cosas, conquistador de mis sueños, como de tus bellas manos, que cuando toman las mías, siento que alzamos vuelo.

Mensaje de nácar

Que despliegue el destino su manto, futuro vago. Que me extienda su mano que aún no veo. En el cielo nublado su mensaje de nácar vislumbro y se me ocurren mares de caracoles sus playas cubiertas tornasolados días devenir del amor que canta y calma. Que despliegue el destino su manto, futuro cierto, los corceles blancos ya cruzan el horizonte.