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Noche interna

Noche que reza desparramo de blancas estrellas murmuro un canto  sin gracia alguna me prefiero así en soledad  escondiéndome  bajo mi almohada  demasiada luz  afuera  aquí dentro  la oscuridad soy yo.

Mensaje de sol

Montado en el sol cabalga el día, diáfano fulgor de alma encendida,  mensaje sutil,  dulce energía que contagia   su indómita gracia.

Sueños a salvo

 Presume la noche  su vasta oscuridad  su digno silencio.  Caen mis párpados  cómplices del sueño,  corolando el día. Y en un ritual azul  de duendes y hadas  quedo hipnotizada... ¡Naufragan mis sueños! grito entredormida, inundada en lágrimas. Descuida –responde  una voz en tornasol– –son los ángeles,  regando tus ilusiones.  

Adoro

 Adoro que el sol me esté mirando,  que los pájaros surquen el cielo  que el viento me traiga mil fragancias  que las flores me alegren el alma. Adoro el sabor de las lagrimas  cuando cargadas de amor me inundan,  adoro la música del viento  en los altos álamos plateaddos. Adoro la tierra y mis raíces  que me sostienen y me alimentan. Adoro el cielo, con o sin luna,  azul y cercenado de estrellas.  También adoro las manos  que aún  lastimadas por el yugo  pueden dar la más suave caricia  curando las nanas de las caídas. Adoro la vida que es amor  y el amor en sus benditas formas.

Vértigo

Esos días  que siento como perdidos  son precisamente aquellos  donde me encuentro deambulando  parada en la cornisa  decido el vértigo y es el vértigo  el que me devuelve.

Corazones ciegos

 Estoy cansada de tantas palabras en nombre del amor ¡se dice tanto!  y en los corazones solo hay soledad. Cavidades vacías y mortuorias  los ojos que no ven el alma ajena, mezquindades oscuras y tortuosas. ¡Es tan hermoso desplegado el amor!  No alcanza el cuerpo para abarcarlo  cuando su música nos embriaga. ¿Por qué contentarme con la pobreza de espíritu? si de pobres sentimientos me alimento más débil seré  cada día más, más y más triste. Quiero la nobleza de la dulce entrega  del amor auténtico de corazón blando  que no duda de darse  que le vence al miedo. Ya no quiero más corazones ciegos.

Esencia

 Existen momentos   indocumentables extraordinarios, misteriosa  e infinitamente breves, donde percibimos,  con intensa emoción,  la verdadera esencia  que nos hermana. Fecundo amor que surge  de ningún lado y de todos,  melodía pura, canto mágico, sin sonidos ni silencios.  que persiste sin existir, que inunda sin emanar. En una mirada, en un llanto en un abrazo, en una escucha, en un vasto silencio compartido, reconoce el alma  que es el sentir de todos  el mismo sentir que nos iguala. No estamos solos somos uno,  somos todos uno  y cada uno  lo es todo.