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Si...

Si pudiéramos entendernos desde nuestras diferencias en lugar de regodearnos cada uno en nuestro ego. Si escucharamos los ritmos esos que van distintos y le agregaramos  letra para poder entonarlos. Si hiciéramos como los pájaros cada uno con su trino en perfecta sinfonía. El mundo sería una fiesta de amalgamados colores y armonizados sonidos de la diversidad nacidos.

A contramano

Otra vez la vieja historia de sentirme a contramano del mundo que se dispara apurado, enloquecido. Y aquí me quedo mirando a sabiendas, escondida detrás de mi corazón que late sin que le pida. Mirando como tapizan las flores de los lapachos, presagio de primavera, la tierra bajo mis pies.

Buenas noches

La noche escribe su propio preludio en el titubeante baile de la llama, anticipando el pacífico transcurrir de cálidos sueños. La palabra se adueña de la música del alma y en un mismo latido el  corazón confunde dulzura y anhelos.

El ángel

Cada atardecer espera el ángel caer las sombras, sentado en la cornisa quieto, callado. Tiemblan sus alas de celeste emoción ante el último rayo de sol y se despliegan imponentes, absolutas. Se incorpora y poco a poco toda la luz se queda solo en él. En la penumbra lo veo brillar, blanco, incandescente, puro. Me pregunto si solo yo lo veo, o si ni siquiera yo y es pura ilusión que me domina. Las  respuestas que no llegan no me importan, sin la magia yo no concibo mis días. Así cada tarde el ángel me ilumina y con sus alas translúcidas, indescriptiblente etéreas, me protege.
Como el fuego bajo la lluvia se extingue el amor, si no se pone  al reparo de la indiferencia.
¡Cómo queda la ciencia callada y vetusta, muda y ausente cuando abrazadora e imparable la muerte viene a buscarnos! ¡Imposible luchar contra la fuerza arrolladora de la Vida, que dice cuándo viene y cuándo se va! En un suspiro el alma vira, indómita vertiente de luz que se escabulle, segura y esquiva hacia la gran Luz.
El rosa se adueña de la tarde hora de plegarias y milagros. Campanas que bailan la danza de su propia música de acero. El sonido del  Angelus subiendo  los peldaños mágicos del cielo  y se me escurre diáfana el alma  detrás del último rayo de sol.