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Buenas noches

La noche escribe su propio preludio en el titubeante baile de la llama, anticipando el pacífico transcurrir de cálidos sueños. La palabra se adueña de la música del alma y en un mismo latido el  corazón confunde dulzura y anhelos.

El ángel

Cada atardecer espera el ángel caer las sombras, sentado en la cornisa quieto, callado. Tiemblan sus alas de celeste emoción ante el último rayo de sol y se despliegan imponentes, absolutas. Se incorpora y poco a poco toda la luz se queda solo en él. En la penumbra lo veo brillar, blanco, incandescente, puro. Me pregunto si solo yo lo veo, o si ni siquiera yo y es pura ilusión que me domina. Las  respuestas que no llegan no me importan, sin la magia yo no concibo mis días. Así cada tarde el ángel me ilumina y con sus alas translúcidas, indescriptiblente etéreas, me protege.
Como el fuego bajo la lluvia se extingue el amor, si no se pone  al reparo de la indiferencia.
¡Cómo queda la ciencia callada y vetusta, muda y ausente cuando abrazadora e imparable la muerte viene a buscarnos! ¡Imposible luchar contra la fuerza arrolladora de la Vida, que dice cuándo viene y cuándo se va! En un suspiro el alma vira, indómita vertiente de luz que se escabulle, segura y esquiva hacia la gran Luz.
El rosa se adueña de la tarde hora de plegarias y milagros. Campanas que bailan la danza de su propia música de acero. El sonido del  Angelus subiendo  los peldaños mágicos del cielo  y se me escurre diáfana el alma  detrás del último rayo de sol.
La noche se define fría absoluta. Una llama me envuelve no es fuego es viento. Vientos nocturnos sin deseos sin furia sin luna. La luz se desintegra en la lámpara  y las voces no alcanzan. El frío fuego es un iceberg me hiere me duele. Al fin la parodia se acaba y hasta el frío fuego se extingue.

Esa que ves

Necesito escribir a mi antojo sin miedo sin merodeos. Necesito decir que no estoy Íntegramente  aquí, donde dominan mis letras. Esto es reflejo, es inverso, es apenas el comienzo. Es la sombra del delgado objeto en un instante de luz y desde allí, lo inabarcable la incerteza lo infinito. Quizás pensaste que soy esa que viste esa que ves. Quizás me pusiste allí, en ese lugar, escaparate absurdo, donde me describiste. Lo siento, pero así como no es posible ponerle rumbo a los vientos, tampoco creo posible la lógica en el discurso sutil de este evanescente verso. No me describas no me critiques no me lapides ni me ensalces. Puedo no estar allí donde ayer me viste. Puedo no estar aquí donde hoy me leíste.