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¡Cómo queda la ciencia callada y vetusta, muda y ausente cuando abrazadora e imparable la muerte viene a buscarnos! ¡Imposible luchar contra la fuerza arrolladora de la Vida, que dice cuándo viene y cuándo se va! En un suspiro el alma vira, indómita vertiente de luz que se escabulle, segura y esquiva hacia la gran Luz.
El rosa se adueña de la tarde hora de plegarias y milagros. Campanas que bailan la danza de su propia música de acero. El sonido del  Angelus subiendo  los peldaños mágicos del cielo  y se me escurre diáfana el alma  detrás del último rayo de sol.
La noche se define fría absoluta. Una llama me envuelve no es fuego es viento. Vientos nocturnos sin deseos sin furia sin luna. La luz se desintegra en la lámpara  y las voces no alcanzan. El frío fuego es un iceberg me hiere me duele. Al fin la parodia se acaba y hasta el frío fuego se extingue.

Esa que ves

Necesito escribir a mi antojo sin miedo sin merodeos. Necesito decir que no estoy Íntegramente  aquí, donde dominan mis letras. Esto es reflejo, es inverso, es apenas el comienzo. Es la sombra del delgado objeto en un instante de luz y desde allí, lo inabarcable la incerteza lo infinito. Quizás pensaste que soy esa que viste esa que ves. Quizás me pusiste allí, en ese lugar, escaparate absurdo, donde me describiste. Lo siento, pero así como no es posible ponerle rumbo a los vientos, tampoco creo posible la lógica en el discurso sutil de este evanescente verso. No me describas no me critiques no me lapides ni me ensalces. Puedo no estar allí donde ayer me viste. Puedo no estar aquí donde hoy me leíste.
El día se acaba y con él, el brillo del domingo.  Me paro en el atardecer, en el paso lento de la gente a pesar del frío. Como si con eso pudieran  detener el tiempo... Se alargan las sombras, uno a uno los minutos caen  y se deslizan en picada en la recta oblicua del último rayo de sol.

Aunando voces

Escucho el latido de la tierra fecunda que brama y se impone. Escucho los gritos de los desterrados, de los oprimidos. La savia que explota en los verdes, la sangre que hierve a pesar del hambre. Oleadas de impotencia que bañan las playas con espuma de ira. Ya no es el sol, es la bronca de los buenos. Ya no es la playa  su lecho sino un campo de batalla. Ya no está el horizonte, Cielo y tierra se han unido en implacable lucha. Uno mi corazon y mis fuerzas, mi rezo, mi legado. Me uno a la ronda me uno a la bronca, en ritual puro y genuino bregando por libertad. .
Hay un misterio  que me envuelve, que inusitadamente  me devuelve a mí misma. Cantaré mi canción con la fuerza  del viento y escucharé el eco que involuntariamente repite tu corazón.