¡Cómo queda la ciencia callada y vetusta, muda y ausente cuando abrazadora e imparable la muerte viene a buscarnos! ¡Imposible luchar contra la fuerza arrolladora de la Vida, que dice cuándo viene y cuándo se va! En un suspiro el alma vira, indómita vertiente de luz que se escabulle, segura y esquiva hacia la gran Luz.
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Esa que ves
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Necesito escribir a mi antojo sin miedo sin merodeos. Necesito decir que no estoy Íntegramente aquí, donde dominan mis letras. Esto es reflejo, es inverso, es apenas el comienzo. Es la sombra del delgado objeto en un instante de luz y desde allí, lo inabarcable la incerteza lo infinito. Quizás pensaste que soy esa que viste esa que ves. Quizás me pusiste allí, en ese lugar, escaparate absurdo, donde me describiste. Lo siento, pero así como no es posible ponerle rumbo a los vientos, tampoco creo posible la lógica en el discurso sutil de este evanescente verso. No me describas no me critiques no me lapides ni me ensalces. Puedo no estar allí donde ayer me viste. Puedo no estar aquí donde hoy me leíste.
Aunando voces
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Escucho el latido de la tierra fecunda que brama y se impone. Escucho los gritos de los desterrados, de los oprimidos. La savia que explota en los verdes, la sangre que hierve a pesar del hambre. Oleadas de impotencia que bañan las playas con espuma de ira. Ya no es el sol, es la bronca de los buenos. Ya no es la playa su lecho sino un campo de batalla. Ya no está el horizonte, Cielo y tierra se han unido en implacable lucha. Uno mi corazon y mis fuerzas, mi rezo, mi legado. Me uno a la ronda me uno a la bronca, en ritual puro y genuino bregando por libertad. .